El espíritu de Granadilla

Como ya sabéis por una publicación anterior, desde el día 8 hasta el 14 de noviembre, 25 alumnos y alumnas pertenecientes a 1º de Bachillerato A, B, C, D Y E, viajaron a Granadilla (Cáceres), junto a los profesores Agustín Cortés y Emilio Giralt. La razón de su viaje, recuperar y darle una utilización educativa al pueblo, que se encuentra abandonado, en el marco de un programa destinado a tal objetvio.
A su vuelta, el profesor Emilio Giralt escribió este texto, que compartimos con todos y todas. Las fotos las realizó el otro profesor asistente, Agustín Cortés.
«Gentes de Granadilla:

Me dirijo a vosotros como últimos «poseídos» por el espíritu de Granadilla, pero… ¡qué falta de tacto por mi parte!, si todavía no me he presentado. Y la verdad es que no es tarea fácil, porque ni yo mismo sé lo que soy. Y mira que he visitado psicólogos y terapeutas de todo tipo, en la búsqueda de una personalidad concreta, que me ayude a tener una referencia terrenal a la que agarrarme. Y, precisamente, ahí está la clave, en que mi personalidad consiste, precisamente, en no tener personalidad.

Soy un Ser etéreo, un Espíritu incorpóreo, un Alma libre, un Transeúnte pululante, lo que en este mundillo se conoce por un S.E.A.T. (¡una vez tuve uno!, para largas distancias) Me muevo por todo Granadilla, por las casas reconstruidas y rehabilitadas, por las casas dónde se hacen talleres, oficios, reuniones y fiestas, por calles y callejones, por cuadras y huertas, por plazas y placitas, por el castillo (¡me encanta ese lugar!), por encima de las murallas y, por allende y aquende las mismas.

Pero si hay algo que realmente me conforma y me alimenta, es el alma de todos los habitantes que pasan por Granadilla desde hace 32 años ya. Yo nací cuando el pueblo estaba abandonado. Hablé con el S.E.A.T. que habitó aquí cuando Granadilla tenía ciudadanos y no era un pueblo abandonado. Me contó las historias de todos sus pobladores y, sobre todo, de su triste final. ¡No lloramos ni nada!, cuando me relataba el lento fluir de familias abandonando el pueblo en carretas, con sus humildes pertenencias. Él también se marchó, siguió velando como pudo por los antiguos habitantes y, de vez en cuando, cuando alguno de ellos viene de visita, lo vuelvo a ver y nos contamos las últimas novedades, sentados en lo alto de la muralla, tomando cualquier brebaje.

Más de 60.000 jóvenes han pasado por aquí desde hace treinta años largos, que se dice pronto. Fijaos qué Comunidad tan grande formamos. Todos y cada uno de ellos, llevan el espíritu de Granadilla dentro (modestia aparte) y cada uno de ellos forma parte de mí. Qué difícil es mantener este tipín que tengo, habiéndome alimentado de sesenta mil alumnos (¡mis carreras por la muralla me cuesta!). Este semana mi espíritu se ha alimentado de alumnos de Talavera La Real (I.E.S. Bachiller Diego Sánchez), Ciudad Rodrigo (I.E.S. Fray Diego Tadeo González) y Málaga (I.E.S. Huelin). Qué tímidos cuando llegaron el domingo, todavía con las maletas por la plaza, siendo forzados por los profes a los primeros saludos, apretones de manos, besos de salutaciones. Había timideces, rigidez en los cuerpos, palabras parcas, la tez teñida de rojo y silencios tensos. Todavía ni soñaban con la transformación que, todos y cada uno de ellos, iban a padecer. No sabían que las vivencias que estaban por llegar, llegarían a los corazones de cada uno, y los transformarían para siempre. Quien vive Granadilla sale más rico, más maduro, más tierno, más gentil, más solidario, más empático, más feliz, mejor persona. Y yo, que lo he vivido tantas veces, sigo emocionándome como con la primera llegada de alumnos. Asisto durante la semana a todas esas transformaciones, me voy llenando de a poquito con vuestras experiencias hasta acabar henchido, colmado con vuestros corazones.

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A las 8 de la mañanita nos despierta Radio Granadilla, de la que os encargáis por turnos vosotros, con músicas y palabras de vuestra inspiración. Como ya tengo mis añitos, mis gustos musicales no suelen coincidir. Todavía retumban mis oídos con la cancioncita dichosa de «yo quiero lechee, dame lechee…» Aún así me encanta escucharos, mientras vuestros compañeros se visten, barren y ordenan sus casas.
Qué bonito ver vuestro esfuerzo en labores ganaderas, agrícolas, de mantenimiento, de recuperación de espacios, albañilería, exquisiteces de repostería en la tahona, apicultura y algún otro. Yo, que todo lo observo, he de decir, y que quede entre nosotros, que a los profes no les he visto mucho por estos menesteres. Foto va, foto viene pero, coger el mazo y quebrar troncos no se les ha visto. Tras bocadillo reconstituyente, tiempo para los talleres de cuero, alfarería, telares… En esto, ya había más posibilidades de ver algún profe. Duchas, comida y proyecto de centro, ya sí con cada profe, marcaban el inicio de la tarde.
En el decaer del día, cuando el sol daba paso a una oscuridad llena de estrellas, se vivía otra Granadilla. Aparecía un ser «poseído», que bien podría ser el mismísimo Lobezno o familiar cercano, y nos sorprendía con historias de miedo en la oscuridad de la iglesia, batallas para ver quién era más hábil en disciplinas varias como el cante, el baile, el humor o la poesía, pasajes del terror, un gran cluedo por Granadilla y una gran boda medieval, con cena en castillo y celebración en la iglesia y gran fiesta final.
Ya voy terminando mi relato. Un relato que no es de ficción, sino muy real. Tan real que todos lo habéis vivido, y que ya está, y lo estará para siempre, en vuestros corazones. Tan real que, quienes fueron, volvieron distintos, siendo conscientes de haber vivido una experiencia que les ha marcado para siempre. Habéis estado una semana en un pueblo abandonado, os hicisteis sus pobladores, y ya estáis poseídos irremediablemente por el espíritu de Granadilla. Habéis abierto vuestros corazones, habéis hecho nuevos amigos, sois más receptivos con los demás, en definitiva, hoy, vosotros y yo, somos mejores personas (bueno, yo… ente o espíritu)
Mis tentáculos son largos y poderosos. Hace treinta años conocí a vuestro profesor, Agustín, y ese espíritu que lleva dentro desde entonces, le ha impelido a organizar otro viaje con alumnos, para que mi espíritu llegue a más personas. Gracias a personas como él, mi legado va creciendo, y vosotros habéis tenido esta experiencia maravillosa. Al pobre mío lo he estado protegiendo toda la semana porque, como hombre dado a arrastrar los pies al andar (no como yo, que acostumbro a levitar), se me ha dado tres morrazos, que no acabaron en gravedades mayores porque, este espíritu que le quiere, suavizó las consecuencias de sus caídas. No dudéis de que esos tentáculos también os llegan a vosotros.
Gracias a todos por permitir que el espíritu de Granadilla siga vivo.»
Fdo: S.E(milio) A.T.

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3 comentarios

    • Sonia Codes Requena en 02/12/2015 a las 23:45
    • Responder

    Gracias a Emilio y Agustín, porque han hecho posible que el espíritu de Granadilla habite en el alma de los privilegiados alumnos y alumnas que fueron hasta allí…entre ellos mi sobrino, Sergio Montero, que vio hechizado.
    Gracias profes!!!

    • Mohammed Chahid en 01/12/2015 a las 16:16
    • Responder

    Simplemente impresionante, me encanta, gran texto escrito por un gran profesor. Se te quiero muchooo Emiliooo!!!❤

    • Ana María Calvo en 30/11/2015 a las 22:49
    • Responder

    Simplemente brillante

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